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28 febrero 2022

figura desconocida - 1966


 He pecado siempre de paisajista. Dicho así parece una aseveración sin sentido, no?. Me explicaré: lo que quiero decir es que, con harto dolor de mi corazón, al final me he dado cuenta de que una enorme cantidad de mis obras son paisajes, y ésto ahora mismo me parece un poco retrógrado ó más bién pura cobardía. Me direis alguno que el paisaje ya en sí puede ser complicado y hasta difícil, pero, aún llegando a la perfección absoluta, no aporta nada a la evolución del arte, o mejor, a la propia evolución de un artista del siglo XXI. No hay nada peor  que a uno lo califiquen con un solo adjetivo artísticamente hablando; pienso que cualquier creador debe desarrollar cuantas técnicas le sean posibles y tratar de ser de lo más variado en sus temas.

Digo todo ésto a propósito de la persona que introduje en este cuadro, pués era la primera vez que lo hacía; y lo hice ya pensando justamente lo que he expuesto en el anterior párrafo. quería algo más que el simple paisaje. De ahí esa figura de aspecto oriental, arrebujada con sus ropas y mirándonos, con dos palomas blancas posadas tranquilamente junto a él, ó ella. Su presencia trata de ser intrigante y el paisaje en el que se sitúa desolado y ambiguo.

corralón en la fresneda - 1966


 ya os avisé en la entrada de un cuadro de éste mismo tema, fué reurrente en muchos otros que no presento en éste blog. Aquí el corralón está envuelto en una neblina tímida y húmeda en un día gris de primavera u otoño ya que los pastos están verdes, sin agostar. La profundidad de la escena, como veis, consiste en ir diluyendo, suavizando y azulando las formas a medida que nos alejamos. No quedó mal.

iglesia del pueblo (aldeavieja) - 1966


 Una vistal de postal de la torre de la iglesia de San Sebastián, parroquia de Aldeavieja, tal y como se veía desde una de las ventanas altas de la casa en la que nos alojábamos mi familia y yo durante el veraneo.

El cuadro no tiene nada de particular, es más bién soso y no presenta ningún detalle técnico que comentar, pero lo traigo aquí por ser una imagen inolvidable en mi memoria.

horcados rojos (picos de europa) - 1966


 impresionado por la majestuosidad  de sus inquietantes paredes verticales que en unas horas pasaban del blanco calizo al más deslumbrante bermellón, compuse esta obra en la que no olvidé incluir a mi propio hermano posando orgulloso a la puerta del pequeño refugio metálico que llaman Cabaña Verónica. Todo ésto, que muchos lo conocereis, esta en el corazón de los Picos de Europa centrales y es lugar muy concurrido por montañeros y alpinistas de todas partes.

La torre que vemos, Horcados Rojos, ofrece numerosas vías de ascensión, todas ellas difíciles y solo aptas para escaladores con pedigreé, pero la roca es franca en casi todos los recorridos, de ahí su belleza y estimación. Todo éste carácter serio y dificultoso al que se enfrenta el montañero en los Picos, agravado además por sus cambios repentinos del tiempo, me sedujo y, como no, hizo que comenzase a pintar lo que llamamos alta montaña, ésto es, aquella que nos encontramos muy arriba, por encima de los 1800 ó 2000 metros, con condiciones climáticas severas, ausencia total de vegetación y radiación solar extrema. Se convirtió así en un tema muy recurrente para mis pinceles.

Como veis en este cuadro he tratado de reflejar más o menos estas características, introduciendo la niebla, dorada por el poco sol que aparece a intervalos, y esmerándome en reproducir todas las irregularidades que presentan las paredes, que vistas desde la cima, tienen una verticalidad siniestra.


cabañas - 1966


 Un paisaje romántico como el que más. Romántico destilando soledad y sugieriendo algún lugar remoto y septentrional. El color del mar me direis debería de ser obligadamente gris oscuro según manda el aspecto del cielo, pero me he permitido una licencia irreal poniéndolo azul casi turquesa, nada menos, por el simple capricho de introducir algo alegre en la obra y creo que ésta lo agradece. De nuevo disfruté haciendo cielos borrascosos, siempre dejando esa pequeña franja más clara, más luminosa, en la línea del horizonte, indispensable en casi todos los paisajes marinos.

perdiz - 1966


 efectivamente yo salí cazador como mi padre y mi abuelo. Desde niño estuve metido de lleno en esa actividad que se genera en cualquier familia donde haya uno ó varios miembros tocados por esa afición, desde la recarga de munición hasta el trato directo y cuidado de armas y perros. De una familia de cinco hijos como éramos, solo a mi me dió la vena y a los dieciseis años, como marcaba la ley, saqué mi primera licencia. Mucho antes ya acompañaba a mi padre, las más de las veces en verano a las codornices. Después ya con mi propia escopeta conocí la dificultad de la caza de la perdiz en mano, tanto por las caminatas cuesta arriba como por la sagacidad y fortaleza de este ave, reina sin duda de la cinegética peninsular.

Al día de hoy, sin embargo, hace años que colgué el arma, estaría dudando si cazar o no cazar; sí, creo que me he pasado al bando de los "ecologistas", como decimos ahora y hasta me daría pena disparar sobre una pieza aunque llevara detrás de ella un día entero echando el bofe, cosas del cerebro como diría aquel.

la perdiz que veis, posiblemente, y que me perdonen algunos, una de mi sprimeras, la cual, ya metido en esto de la acuarela desde hacía años, no dudé en llevarla al papel, imitando a mi padre, acuarelista también y que había hecho lo mismo en varias ocasiones. Creo que conseguí sacar el bello colorido de sus plumas correctamente y desde hace muchos años ocupa un rincón en las paredes del salón de mi casa.


antiguo corral en la fresneda - 1966


 un corral y refugio de pastores, entonces ya semiderruido, hoy ya no existe, situado en el corazón de una finca ganadera de utilidad pública en el término de Villacastín lindante con el de Aldeavieja. Lugar con abundantes pastos y árboles, frenos en su mayoría, muy fresco y húmedo en los meses fríos y cálido y acogedor en el estío.  

En un principio desconocido para mí, fué una gran sorpresa mi primera visita, digamos que me sedujo desde el primer momento y el corral en ruinas me obsesionó. Tanto es así que lo pinté varias veces y creo que hoy día, si permaneciese como entonces, volvería a repetirlo. Su atmósfera amarillenta que lo envuelve podría estar relacionada con la visión de ensueño a la que me refiero y que debió permanecer en mi subsconciente por aquel tiempo. Los tonos amarillos en exceso matan la viveza del colorido pero aportan a las obras un clima de misterio e irrealidad. Pintores como Rembrandt lo han empleado en muchos de sus retratos siempre con éste resultado.

la proa de segovia - 1966


 vista general un tanto dramática pero hermosísima de la ciudad de Segovia; fuertemente contrastada y repleta de efectos excesivos su resultado no fué nunca el buscado inicialmente pero la obra fué derivando y a mitad de su ejecucción decidí firmemente llevarla por el camino que estais viendo : acentué y alargué las sombras, las ennegrecí, y convertí zonas detalladas por doquier en manchas surrealistas además de limitar los colores a unos pocos con lo que la sensación de irrealidad, que creo le conviene, se hizo más patente.

Este cuadro estuvo presidiendo el recibidor de nuestra casa paterna mucho tiempo y, al deshacerla hace algunos años le perdí de vista, de lo cual me alegro pues alguien de mi familia lo estará disfrutando. A quién sea le pediría que, por favor, me mande una buena foto, para sustituir la que veis que no es muy buena. Gracias de antemano.