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17 marzo 2022

arroyo en el bosque - 1981


 de éste cuadro guardo un buén recuerdo, actualmente le he perdido la pista, por ser el primero que me seleccionaron en una de esas exposiciones que con frecuencia se llevan a cabo organizadas por algún tipo de entidad; no obtuvo ninguno de los premios pero, según me contaron, estuvo muy cerca...bueno, eso dijeron. Pero, loas aparte, siempre estos pequeños empujones ratifican en cierto modo que lo que haces puede ser aceptable para otros, o sea, que vas por buén camino, digamos que es como un piropo inesperado. 

una lástima que la fotografía no sea muy buena, así es que debeis imaginarlo algo menos relamido. Lo pinté en un escenario maravilloso cercano a Comillas y a Cabezón de la sal, el bosque de Ucieda, desde siempre un lugar mítico para toda nuestra familia veraniega, y que pasó  ser excursión obligada trás su descubrimiento muy pronto el día que fuímos a probar el famoso cocido montañés en Ucieda de arriba.

Aunque al pedregal del río le falta algo de rugosidad y consistencia, salva la obra la humedad neblinosa de un tono verde amarillento que va envolviendo la vegetación en la distancia, suficiente sin tener que recurrir a tonos azulados, los cuales, en éste caso, creo que alejarían el fondo en demasía.

De los bosques cántabros ya hablaremos en éste blog en más de una ocasión.


benarés - 1981


 un grupo de muchachas indúes se baña en las aguas que pueden ser muy bién las el Ganges a su paso por la ciudad sagrada de Benarés. Las de delante están saliendo y la condición de, como correspone, estar mojadas y sus vestidos empapados y pegados a la piel, fué el principal reto del cuadro. Otros fueron el  color del agua algo turbia y las posturas de al menos las cuatro bañistas del lado derecho de la escena. En especial en la muchacha más sumergida que trata de buscar con su mano izquierda apoyo en el codo de su compañera, busqué que pareciera que no llegaba nunca a tocarla con lo que daría mayor sensación de esfuerzo por su parte. En fín, el juego de los brazos de casi todas juegan un papel esencial en la dinámica del conjunto y en su estructura. Busqué colores para la indumentaria suaves y escasos, solo dos o tres para no distraer la brillantez de la piel.


regreso de caza - 1981

 


 

la vuelta a la aldea al anochecer de dos cazadores tras una jornada de caza en un día frío e invernal.


Aunque creo que este cuadro está hecho mucho antes del año que figura en el título, 1981, sin embargo, la ejecución mejor que discreta de las nubes, me ha llevado a adelantar su fecha a ese año. Sea como fuere, lo cierto es que tardaría mucho tiempo en conseguir un cielo como el que veis y además os puedo decir que disfruté muchísimo llevándolo a cabo. Son de esos días en los qué, quiza por la concentración, ó la buena mano, ó posiblemente solo por la tranquilidad, todo te sale bién a la primera: el color, el punto de humedad justa del papel, el contraste exacto y el respeto de los blancos. Ante ello, toda la parte inferior no deja de ser más que una comparsa que trata de seguir a regañadientes a su compañero superior mucho más aventajado.