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28 febrero 2022

la hora de comer - 1967


 Por el título ya sabreis de lo que se trata. Este al menos sabe que hoy le va a caer algo que llevarse a la boca. Muchos otros como él, todavía después llevar tantos años sobre nuestro planeta tratando de organizarnos, no tienen ni éste plato al día. 

Por ello traté de remarcar su extrema delgadez en ese brazo y esa cara angulosa y mustia. Los ojos lo dicen todo. Mi primer ser humano quiso ser éste recordatorio un tanto manoseado. Lo mas conseguido para mi gusto es la mirada del niño, un regalo de las musas, creerme, y el plato, un objeto, sorprendentemente, muy sencillo de pintar. 


encinas de ojos albos - 1967


 de nuevo unas encinas, casi un simple apunte, en un día de sol tibio. Los encinares que pertenecen al término de Ojos Albos, cercano a Aldeavieja constituyen un bellísimo bosque como los que se repiten en toda la meseta norte castellana, sin ser tan extensos, ni mucho menos, como el de Antequera de Valladolid  y otros similares. La encina, con su madera, excelente fuente de calor, y sus bellotas, base de la alimentación de los cerdos ó marranos, como eran llamados en muchos pueblos de la zona, es una especie arbórea indispensable en estos lugares y sus sombras, más densas que las que veis, son un amparo frente al tórrido sol veraniego

caserío asturiano - 1967


 Como complemento a la entrada anterior, presento aquí  otra forma de asentamiento, también rural, también "antiguo" pero ubicado en nuestra españa húmeda norteña, donde el tipo de vida y los quehaceres son algo diferentes. En efecto, si el castellano es eminentemente cerealista, los habitantes de éste caserío  deben disponer de terrenos de pastos lo más proximos posible a su vivienda y además cultivan en su mayoría frutales y otras especies arbóreas, nogales, castaños...lo que da lugar a una mayor diseminación de las parcelas y por lo tanto de sus viviendas, dando lugar al aspecto que veis en el cuadro, donde no falta la parroquia.

Como se observa, he prescindido del sol, he agrisado el paisaje con verdes fríos y acumulado nubes como fondo.

pueblo castellano - 1967


a diferencia de las capitales, no digamos de las grandes ciudades, donde la densidad de población y el excesivo precio del suelo urbano derivado en general de su escasez han ido progresivamente aumentando la altura de los edificios, los pueblos de la España rural de hace unos lustros e incluso todavía, no necesitan desarrollarse en altura y la tónica es la de agrupamientos planos, pegados al terreno y con ventanas y balcones mínimos para evitar en lo posible la pérdida de calor.

Hoy día necesariamente se van sustituyendo aquí y allá por viviendas más modernas, más cómodas y si se puede incorporando elementos a imitación de los vistos en la ciudad. En una palabra, el conjunto deja de ser homogéneo y pierde su encanto, a excepción de aquellos municipios que cuentan con ordenanzas que lo controlan.

Pues bién, este del cuadro quiere ser uno de esos hermosos pueblos, todavía intacto, como siempre fué. He procurado conservar su tono ocre y a pleno sol, sin introducier el azul en ninguna de las sombras; las chimeneas, elementos indispensables en el modo de vida rural, son definitivas para armonizar la obra.