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02 marzo 2022

barcazas - 1979



 Una escena de algún gran río de la costa oriental de Africa. Barcazas utilizadas por los pescadores de las aldeas que se miran en sus márgenes. Algunas figuras establecen el tamaño de las embarcaciones que reverberan bajo un sol de castigo. La corriente tranquila y mansa es una lámina plateada y no presenta más que un ligero cabrilleo, aplastada por la atmósfera densa y caliente.

Cuadro de fácil resolución sin ningún problema específico. elegí un tono marron-ocre que creí le iba bién al ambiente y lo utilicé hasta en la ribera arbolada superior, dejando en ésta banda con el pincel agua en goterones para que libremente hiciese su papel.

 


the ring´s sir - 1979



Por estas fechas tuve la ocasión y el acierto de leer ésta trilogía de Tolkien que me subyugó. Habréis adivinado enseguida que esta obra es su consecuencia inmediata y para su planteamiento me basé en una aguja alpina, no recuerdo como se llama, en la qué, en su vértice, las rocas se disponen de forma parecida a la punta de una lanza. Me exigió cierto trabajo el dibujo previo del relieve, y, ya a la acuarela, procuré dotar a la roca de una luz un tanto siniestra y misteriosa; lo mismo procuré con las crestas del fondo y las nubes y dejé una pequeñísima franja de cielo azul para que éstas últimas tomaran volumen.

Imaginar a Frodo y sus sufridos compañeros acercándose en la fase final de su viaje a los siniestros y accidentados accesos de Mordor. 

caballos - 1979



 Este cuadro fué siempre el predilecto de mi hermana María José y desde siempre cuelga en una de las paredes de nuestro salón. Siendo una obra relativamente temprana en mi desarrollo como pintor, debo sin embargo reconocer que fué un pequeño logro en la resolución de algunos problemas que planteaba; el primero era envolver los caballos en el polvo que levantaban; para los del fondo bastaba con un dibujo tenue previo y pasar el pincel con algo de agua, todavía con las partes inferiores algo húmedas, por encima hacia abajo, hacia la zona central más brumosa, acoplando los tonos. Para los cuerpos grandes delanteros, apliqué la misma técnica pero solo una vez estuvo su dibujo bién seco y evitando desdibujar los detalles.

Aún froté con pincel seco los lomos y crines para hacerlos más luminosos  y finalmente fuí oscureciendo partes que lo necesitaban al objeto de obtener el contraste que la fuerte luz requería.

Sí, tenía trabajo de acuarelista pero no estaba carente de trabajo de dibujante y creo que en ambos menesteres cumplí. Lo que mejor quedó a mi parecer fué la sensación de movimiento giratorio, de torbellino confuso y atropellado que pedía ; el sentido contrario del movimiento de los caballos superiores ayudaron a conseguir éste efecto.