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05 abril 2022

familia en Oyambre - 1989


 mi familia al completo disfrutando !en solitario! de una tarde de playa en Oyambre (Cantabria). En ese año el mayor de los hijos, Alberto, el más alto, claro, debía andar por los diez u once años.

Al cuadro, como veis, le falta un color, casi siempre indispensable: el azul; al menos siempre que haya sombras, estas deben insinuar este tono y aquí pequé de novato y la escena, aún estando bién iluminada, queda grís y quemada. Por contra, para los que nos conocisteis en esos años, si estoy satisfecho de poderse reconocer a cada uno simplemente por sus rasgos fisonómicos, sin rostros visibles.


Santander - 1989


 un pedazo del acantilado que cierra la playa de Mataleñas por su derecha, playa que, sin ser pequeña, no tiene la gran extensión de la tan renombrada del Sardinero que corre paralela a la misma ciudad. Ambas, junto con la de la Magdalena, las tres de una arena fina y dorada, se encuentran dentro de ésta bella ciudad de Santander, en el norte de España.

la rotundidad y belleza de cortes de los estratos rocosos que se superponen en este acantilado atrajeron siempre mi atención y procuré usarlos como protagonistas del inmenso paisaje marino que se desarrolla por encima de los mismos; por ello los situé en primer plano y remarqué todas sus líneas de rotura con sus propias sombras naturales. Además, para reforzar este efecto, me abstuve de pintarlo al completo, hasta su punta, cosa que habría volcado toda la escena hacia el mar abierto en la izquierda y el acantilado habría pasado a ser solo un elemento más del paisaje.

 


04 abril 2022

chicos en Ucieda - 1989


 tres chicos se están metiendo en una irresistible balsa del río Ucieda que recorre el maravilloso parque natural de esa misma denominación y que frecuentábamos en nuestros veranos norteños. Su lecho está salpicado de rocas en muchos de sus tramos, la mayoría envueltas en verdín y resbaladizas, lo que obligaba a hacerlo siempre con mil precauciones, pisa aquí, pisa allá, hasta echarse ya libremente a nadar. El agua estaba siempre muy fría pero también dulcemente tonificante  y la sensación de relajación total y fortalecimiento trás el chapuzón era algo tan placentero como sentir el paraíso. Ucieda en muchos de sus rincones es, efectívamente, un auténtico paraíso vegetal donde uno cree estar compartiendo la naturaleza con nuestros antepasados primitivos: árboles frondosos, algunos imponentes, y una maleza intrincada y excesiva revestida de musgos y líquenes por doquier y adornada de florecillas de todo tipo, todo ello envuelto en una atmósfera gris y acuosa, te cautivan de tal modo que congelan tu tiempo y te llevan a un estado de plenitud total.

Trás esta presentación y volviendo ahora al cuadro, puedo deciros que intenté reflejarlo a base de crear un ambiente verde, vaporoso y cerrado, un enclave escondido pero penetrado por el resplandor manso y liviano de una mañana gris, resplandor que se deposita en cada uno de los elementos que componen la escena, bosque, rocas, agua y niños.